viernes, 11 de diciembre de 2020

Te Perdono

 Te perdono porque nacimos en un mundo lleno de estereotipos de género, en un mundo donde nos dicen como debemos ser, actuar, pensar y sentir las mujeres.

Te perdono porque vivimos en una sociedad donde no nos permite encajar con el resto. Una sociedad que no es igualitaria, una sociedad estereotipada que dictan modelos y comportamientos a imitar, de hombres fuertes y valientes que no lloran, de mujeres fitness, con buena vestimenta y apariencia.

Te perdono por situaciones de desigualdad y discriminación que vivíamos en un lugar donde tenía que garantizar nuestra igualdad de género.

Te perdono porque nos hacían sentir frustradas de perseguir ideales inalcanzables, de imposiciones conscientes o inconscientes marcando nuestros defectos.

Te perdono por hombres que nos trataban como objetos alejándonos de nuestra dignidad, haciéndonos sentir la necesidad de ser miradas y deseadas.

Te perdono por la exclusión que nos generaban mujeres competitivas, envidiosas, que se comparaban entre sí que lo único que hacían eran debilitarnos unas a otras y que siempre nos hicieron sentir que teníamos que protegernos de otras mujeres. Era tan agotador y angustiante. Me costó entender esa violencia entre mujeres y por qué algunas eran mis aliadas y otras mis enemigas.

Ahora me siento libre y te digo que yo nunca quise ser tu rival, y te perdono por todos esos sentimientos feos que nos hacían sentir hombres y mujeres, porque nunca fue nuestra culpa.

Dedicado a YP por todos los momentos de violencia que pasamos.

Debí saber que todo era una broma, una sucia broma de eso que llamaba destino.

Debí saberlo cuando dijo que me elegía, como uno se elige una sopa en el menú, como uno se elige algo que al paso del tiempo le aburre y le fastidia.

Debí saber que me elegía por comodidad, o porque no había nada mejor a su disposición, debí saber que me elegía como uno toma una calle de esas que al dar vuelta en la esquina, a uno se le olvida como llegó. 

Pero como iba a saberlo, como iba yo a aconsejármelo, si estaba yo tan ciega, tan torpe, tan enamorada, tan ilusionada con sus mentiras.

Debí saberlo, pero estaba mi mente en otro sitio, ocupada haciendo planes, como esos planes que uno se hace sin dinero en el bolsillo, que terminan siendo eso, palabras.