viernes, 11 de diciembre de 2020

Debí saber que todo era una broma, una sucia broma de eso que llamaba destino.

Debí saberlo cuando dijo que me elegía, como uno se elige una sopa en el menú, como uno se elige algo que al paso del tiempo le aburre y le fastidia.

Debí saber que me elegía por comodidad, o porque no había nada mejor a su disposición, debí saber que me elegía como uno toma una calle de esas que al dar vuelta en la esquina, a uno se le olvida como llegó. 

Pero como iba a saberlo, como iba yo a aconsejármelo, si estaba yo tan ciega, tan torpe, tan enamorada, tan ilusionada con sus mentiras.

Debí saberlo, pero estaba mi mente en otro sitio, ocupada haciendo planes, como esos planes que uno se hace sin dinero en el bolsillo, que terminan siendo eso, palabras.

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